Salvador De Bahía, Brasil, (AFP)
El gobernador, Jaques Wagner, dijo ayer confiar en una “salida negociada” con los huelguistas, cuya paralización generó una ola de saqueos, incendios y más de 100 asesinatos en siete días, más del doble que la semana anterior, lo cual obligó al gobierno brasileño a enviar tropas para garantizar la seguridad del estado.
El arzobispo de Salvador, Murilo Krieger, participa como mediador en las negociaciones. Los policías en huelga, armados, ocuparon la sede del Parlamento regional hace una semana, muchos acompañados por esposas e hijos.
Los últimos niños habrían salido del edificio la noche del lunes, pero su presencia hasta entonces generó polémica. Al interior del Parlamento “hay una aparente tranquilidad; todos ellos (los policías) quieren que la huelga llegue a su fin”, declaró a la prensa el diputado Paulo Azi, del partido DEM (oposición), al salir del Legislativo. El líder de la huelga, Marco Prisco, del Partido de la Social Democracia (PSDB, oposición), “se puso a disposición de la justicia para responder por todo aquello que le están imputando”, añadió.
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