En todos los tiempos, la juventud ha sido la energía consciente de los grandes cambios sociales, políticos y económicos de las sociedades. En lo que va del siglo 21, la juventud chilena dirigida por Camila Vallejo, ha sido el mejor ejemplo de lucha y protesta para conquistar una educación gratuita y de calidad, considerando que este bien social en los últimos 30 años se ha constituido en un privilegio para quienes pueden pagar los elevados costos de la educación en todos sus niveles.
Lo lamentable es la terquedad y la ceguera de un gobierno que con tozudez, sordera y soberbia se niega a escuchar la voz pura, idealista y justa de hombres y mujeres que cursan sus estudios en los diversos centros de educación. Sin embargo, es la huella digna, cívica y patriótica que la juventud latinoamericana comienza a retumbar para que los gobiernos entiendan que los privilegios y la corrupción, merecen el repudio de la juventud, y así lo están haciendo los jóvenes en Brasil, en España con Los Indignados y en Ecuador con los Cabreados. Las injusticias en todas las épocas será el destello que brota del corazón de la juventud que a través de la historia ha sido la gran ignorada en la toma de decisiones de la administración pública y privada. Los ideales nobles y utópicos de la juventud con su grito insurgente puede ser la "chispa que incendie la pradera" ante los atropellos, abusos y tiranías de los gobiernos contemporáneos en América Latina y el mundo. El expresidente José María Velasco Ibarra, en un discurso pronunciado en el Colegio Nacional Olmedo el 18 de mayo de 1955 dijo que los franceses tenían mucha razón al pronunciar la frase: si jeunesse savait, si vieillesse pouvait, "si la juventud supiese, si la vejez pudiese". ¡Si la juventud supiese lo que tiene por delante, si la juventud supiese lo que tiene que aprender, lo que tiene que hacer! La juventud posee límpidos anhelos llenos de sueños y aspiraciones de vivir en una patria donde se respire libertad y se viva en democracia, la juventud es el corazón de lo bello, de lo sublime, de la fe y de la búsqueda de nuevos horizontes. Esa juventud es la que en los actuales momentos rechaza con actitudes radicales que sistemas de gobiernos oprobiosos, insensibles y déspotas usurpen el derecho de gozar de una educación que les transforme sus vidas llenas de calamidades, restricciones y limitaciones: educación que debe ser transformadora y de calidad; es decir, que signifique la construcción de seres humanos alejados de la mediocridad.
Hablar de la juventud, es hablar de lo más lozano que existe en la especie humana, Juan Pablo II decía que la juventud no es pasivismo ni indolencia, sino esfuerzo tenaz por alcanzar metas sublimes, aunque cueste. No es cerrar los ojos a la realidad, sino rechazar las hipocresías convencionales y practicar apasionadamente la verdad. No es evasión o indiferentismo sino compromiso solidario con todos, especialmente con los más necesitados. No es búsqueda del placer egoísta, sino impulso incesante de apertura y voluntad de servicio. No es violento torbellino revolucionario, sino dedicación y esfuerzo por construir con medios pacíficos una sociedad más humana, fraterna y participativa. Frente al pasado, la juventud es actualidad; frente al futuro, es esperanza y promesa de descubrimiento e innovación. Y frente al presente, debe ser la fuerza dinámica y creadora. Por todo ello, no pueden pensar, jóvenes, que la situación actual es algo extraño a ustedes; es algo que les compromete, como seres humanos y como cristianos. Entonces, todo lo que afecte y lesione a los intereses de prosperidad y de crecimiento de las más diversas capas sociales, la juventud que no conoce de odios, de revanchismos ni de pasiones insensatas e indolentes de los gobiernos o de los que manejan los poderes donde se ufanan que todo lo pueden lograr con la represión, la violencia, la prepotencia y la soberbia. Ante esta situación, es la juventud sinónimo de energía pura la que tiene que enfrentar y combatir todo aquello que atente y viole los derechos humanos.
Por tanto, hay que escuchar la voz diáfana y clara de la juventud, antes que la sordera y la insensibilidad siga provocando más violencia, más muertes y encarcelados en Ecuador y en el mundo. Los estudiantes de los colegios Montúfar, Juan Montalvo, Dillon y Mejía, están exigiendo la eliminación del bachillerato general unificado, la jornada laboral de 8 horas diarias a los maestros y que todas las instituciones educativas públicas sean mixtas, todas estas protestas que se han iniciado a raíz de la vigencia de la Ley de Educación Intercultural, lo único que ocasiona es coartar los derechos de
los estudiantes a escoger libremente lo que desean estudiar.
Cuánto nos duele la muerte de tantos jóvenes que por luchar en las calles y en las plazas en la conquista de sus ideales, estén manchando de sangre sus aulas en los espacios donde se supone deben ser para los estudios y la formación positiva en la construcción de una nueva sociedad más justa
y más solidaria. Ojalá el joven estudiante de 17 años del colegio nacional Mejía, Edison Cocíos Pineda, no muera por el impacto de una bomba por parte de un policía, que se supone debe precautelar la vida y la paz social de todos los ecuatorianos. * Periodista y profesor titular de la ULEAM - ediador pedagógico de posgrado de la UNESUM
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